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La Prueba del Chevrolet V8 1957 - Por Floyd Clymer
La Prueba del Chevrolet V8 1957
Por Floyd Clymer
LA PRUEBA se efectuó en un viaje de ida y regreso desde Los Angeles hasta Bakersfield, o sea una distancia de 1020 kilómetros. El recorrido incluyó varios kilómetros por desiertos y lugares montañosos, fuera de la carretera.

       Se utilizó un sedán de cuatro puertas Bel Air, propulsado por un motor V8 de 4.64 litros (que se adquiere a precio adicional) con reforzador de potencia y carburador de cuatro cañones.

       El V8 con reforzador de potencia tiene un índice de compresión de 9.5 a 1, mientras que el motor de norma. del Chevrolet tiene un desplazamiento de 4.34 litros y una compresión de 8.0 al.

       Aunque había pensado probar un Chevrolet con el nuevo sistema inyector de combustible y transmisión automática Turboglide, no hubo disponible ningún auto fabricado en serie que tuviese dichos accesorios.

       El auto, cuya distancia entre ejes era de 2.92 metros, tiene todas las excelentes características del Chevrolet 1956, en lo que se refiere a estabilidad, maniobrabilidad y manejo. El extremo delantero cabecea un tanto cuando se marcha velozmente en terreno desigual, lo cual se debe a la elasticidad de los muelles delanteros. También se advierte algo de bamboleo en los virajes.

       Los muelles de largo especial de atrás se hallan bastante separados a fin de conseguir estabilidad en el extremo posterior. Los nuevos neumáticos de 14 pulgadas sólo requieren 22 libras de presión de aire, y proporcionan mayor suavidad de marcha que antes.

       Se experimenta una sensación de seguridad debido a la forma en que el auto se conduce a gran velocidad. La suspensión frontal es de articulación esférica.

       La velocidad máxima es de 180 kilómetros por hora, de acuerdo con el velocímetro, el cual tiene un error de exceso de 2 por ciento, que es mucho menor que en otras marcas.

       Los frenos dieron muestras de cierto debilitamiento al usarlos constantemente en el descenso de pendientes pronunciadas, cerca de San Bernardino, y en otros puntos de la carretera. Los neumáticos chirriaron un tanto en las vueltas, y advertí, además, ligeros ruidos en los forros de los frenos.

       La pequeña resistencia de tres libras en la dirección motriz determina que el conductor maneje el manubrio con más exactitud y se sienta en posesión de la ruta.

       La transmisión Powerglide es muy eficaz y resiste el trato más duro, al igual que el auto mismo. A velocidad normal, el cambio a alta es suave. Si se oprime a fondo el acelerador, el cambio a alta final se efectúa a 40 kilómetros por hora, lo cual. es demasiado prematuro, siendo además algo brusco. El cambio a baja puede hacerse amenos de 88 kilómetros por hora. Sería mejor si fuera posible hacer el cambio a baja hasta una velocidad de 113. Entre 72 y 80, la poderosa máquina desarrolla una gran potencia, lo cual hace que el cambio a baja no sea suave cuando el acelerador está contra el suelo.

       La relación del eje trasero es de 3.36 a 1, pero la potencia del motor es adecuada para ello. El consumo de gasolina es razonable tratándose de un motor de tal potencia y rapidez. Soy dé opinión que debe usarse gasolina de alto octanaje. El. tanque de gasolina tiene una capacidad de 60 litros, lo cual no es suficiente.

       Las defensas brindan buena protección tanto al frente como atrás y en los extremos de los lados. La defensa frontal y la parrilla constituyen una unidad formada por ocho secciones a fin de que sea más económico efectuar una reparación, en caso de una avería. Hay un claro de 40 centímetros entre el. radiador y la parrilla. Las aberturas para las ruedas se extienden hasta los guardafangos, y de esa manera se facilita la comprobación de la presión del aire y el cambio de neumáticos.

       La visibilidad es buena en todo respecto. Los instrumentos están dispuestos de modo conveniente, y se ven sin dificultad, salvo que el aro completo de la bocina no me dejaba ver la esfera del velocímetro. Preferiría que en lugar de las señales de aviso se hubieran utilizado indicadores de aguja.

       El manubrio de dos rayos es muy flexible, lo cual posiblemente sea conveniente en caso de accidente. Además, el cubo se halla embutido.

       Como en otros autos de la General Motors, la llave del encendido se puede sacar cuando el motor se halla funcionando": Es una característica que puede ocasionar inconvenientes.

       En el sistema de ventilación, que es nuevo, el aire penetra por tomas situadas sobre los faros, y ocultas tras los extremos de los guardafangos. El aire llega al compartimiento de los pasajeros a través de unos conductos.

       Los pedales del acelerador y el freno están bien situados, y son aproximadamente de la misma altura cuando están en posición saliente. El uso del freno para estacionamiento requiere mayor esfuerzo que en la mayoría de los autos, y el mango está lejos del conductor.

       El compartimiento para los guantes, bien situado en el centro del panel de instrumentos, es espacioso. A fin de mejorar la acústica, el altoparlante del radio emite los sonidos hacia la parte superior del parabrisas, desde el centro del panel.

       La carrocería es sólida, y no entra el polvo, como tampoco el agua, según lo comprobé aplicando un chorro de agua a alta presión. Está bien aislada, y se perciben sólo ligeramente el ruido del viento y los crujidos de la carrocería.

       Según me parece, el Chevrolet posee, en la industria automotriz, las cerraduras de puerta de más fácil manejo tanto por fuera como por dentro. Con tres vueltas y media de las manivelas se hacen subir y bajar las ventanillas, lo cual es una relación satisfactoria.

       El acabado del interior es bueno, y el acolchado de los asientos brinda gran comodidad. Los bordes para apoyar el brazo, en las puertas delanteras, son largos y están bien situados. La amplitud vertical es excelente, siendo éste unos de los pocos autos 1957 en el cual un conductor alto puede llevar el sombrero puesto.
 
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La Prueba del Chevrolet V8 1957

Fuente: Revista Mecánica Popular - Volumen 20 - Marzo 1957 - Número 3


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Idea original de Mi Mecánica Popular por: Ricardo Cabrera Oettinghaus