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Filatelia Vitrales por Ignacio A. Ortiz Bello
 
Cuando la naturaleza nos regala días bellos, claros, llenos de sol, la filatelia se siente relegada a un segundo plano, al dedicarnos casi todos los humanos a deportes, días de campo y disfrute de la playa. Pero, cuando los días son grises, la lluvia arrecia o el frío y la nieve nos obligan a quedarnos en casa, los que coleccionamos algo -muy preferentemente los filatelistas- tenemos a nuestra disposición un "hobby" que nos permite disfrutar de horas y horas en cualquier momento, sin importarnos lo que está sucediendo afuera y, muchas veces, abstraídos de tal forma que dejamos todo lo demás para continuar disfrutando de nuestro pasatiempo preferido.

       Dentro de la filatelia, mi campo preferido siempre fue la correspondencia y, tal fue así, que en dos gavetas de mi viejo armario conservaba cientos de cartas, con el orgullo de poder decir a los colegas que me visitaban: "Tengo por lo menos una carta de un amigo hasta en la isla o país más remoto del mundo". Ya hoy día no puedo escribir tanto y muchas veces quedo mal con mis corresponsales, pero cuando me llega una carta de alguien que por años no sabía de él, siento tanta alegría como la de un niño la mañana de Reyes.

       Meses atrás, por motivos que ahora no recuerdo, estuve bastante fuera de circulación, ocasión que aproveché para poner en orden mi existencia filatélica, hacer pedidos de mercancía, contestar alguna correspondencia y, no sé por qué, se me ocurrió la idea de escribir a colegas filatelistas de los cuales no sabía hacía algunos años.

       Entre los pocos que me han contestado -unos porque han muerto, otros por estar muy ocupados y los más por dejadez- me alegró mucho recibir carta de Roger Segret, andorrano que jamás ha salido de su querida Andorra la Vieja, capital del principado de Andorra. En ella me cuenta que cumplió 80 años de edad y más de 30 de haberme escrito para intercambiar sellos, afición que jamás ha abandonado y que ahora se encuentra incrementando al haber comenzado a coleccionar sellos de la temática vitrales. Segret me dice que en Hispanoamérica no hay muchos sellos con vitrales, pese a las muchas iglesias coloniales que poseen verdaderas obras maestras de esta modalidad artística, siendo Argentina el único país que en varias ocasiones ha emitido sellos con vitrales.

       El vitral es una obra de arte formada con vidrios translúcidos de colores, cortados a tamaños desiguales, unidos entre sí mediante tiras de plomo y que puestos sobre un cartón previamente dibujado van reproduciendo, con características propias, las formas dibujadas. Usado generalmente en ventanales, para llenar el vano debidamente dejado en las grandes paredes a fin de que entre luz, ésta al pasar por los cristales nos muestra una bella obra artística, llena de colorido y luz, formando figuras y escenas casi siempre religiosas.

       El más famoso de los vitral es modernos, arte que se sitúa como nacido en el mundo bizantino de la Edad Media, es el realizado por Marc Chagall en la sede de las Naciones Unidas de Nueva York, aparecido en un sello y una hojita souvenir emitidos por las Naciones Unidas en 1967, así como las 12 ventanas realizadas por Chagall en la Sinagoga del Hospital "Hadessah" de Jerusalén, aparecidas en los sellos emitidos por Israel en 1973.
Filatelia Vitrales por Ignacio A. Ortiz Bello

Fuente: Revista Mecánica Popular - Volumen 42 - Octubre 1989 - Número 10


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Idea original de Mi Mecánica Popular por: Ricardo Cabrera Oettinghaus